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Juliana Awada con el Papa Francisco: "Nos regaló un rosario para Antonia" en Caras


Lo primero que el Papa Francisco (79) le preguntó a Juliana Awada (41) fue porqué no le había llevado a su hija menor. “Le falta algo en sus brazos, no trajeron a Antonia (4)”, le comentó el pontífice, el sábado 27 por la mañana, en la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano. A continuación, le regaló dos rosarios bendecidos por él: uno para ella y otro para la pequeña. Al menos según el relato de la primera dama, no se vivió el clima tenso que reflejaron las imágenes del encuentro, donde se vio a un Jorge Bergoglio con gesto adusto, poco habitual en él. “Como en las otras ocasiones, fue muy afectuoso, siempre registrando al otro”, explicó la empresaria textil.

Sin embargo, el efecto en las redes sociales fue inmediato: la expresión poco sonriente de Francisco se convirtió en trending topic bajo el hashtag #Popeface. Más allá de la polémica, fuentes del Vaticano indicaron que el encuentro tuvo un condimento inédito: fue la primera vez en la historia que un Papa saludó a la esposa de un Jefe de Estado no casada por la Iglesia. Una excepción pedida especialmente para la ocasión.

La controversia por la “cara del Papa” fue eclipsada por un instante por el look protocolar de Juliana. Haciendo gala de su sofisticada sencillez, impactó con un “tapado en tela Chanel con flores en brocato laminado en el ruedo”, según describió Amelia Sabán de la firma Ménage à Trois. Decidida a ejercer como una embajadora de la moda argentina, el diseño pertenece a la última colección de la firma. A diferencia de sus últimas apariciones públicas, eligió el pelo semirecogido, cubierto por una mantilla a tono, según indica el protocolo que ella misma indagó.

Awada aterrizó junto a Mauricio Macri (57) en el aeropuerto de Fiumicino, Roma, el viernes 26 cerca de las 6:30 (2:30 hora argentina) en un vuelo de Alitalia. El matrimonio presidencial se hospedó en el Hotel de Russie, ubicado en las inmediaciones de la céntrica Piazza di Popolo, a 20 cuadras de la Ciudad del Vaticano. Construido en el siglo XIX por Giuseppe Valadier, es el mismo hotel elegido por Cristina Kirchner para tomar el té. El histórico edificio tiene una terraza con una de las mejores vistas de Roma, y el exclusivo Jardín Secreto, un espacio verde de 2.800 metros cuadrados con palmeras, tajos y rosas.

Además de la reunión con Francisco, Macri y Awada junto a la delegación conformada por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, la canciller, Susana Malcorra, y los gobernadores Rosana Bertone (Tierra del Fuego), Juan Manuel Urtubey (Salta) y Alfredo Cornejo (Mendoza), se reunieron con el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, quien oficia en los hechos como una especie de primer ministro de esta Ciudad-Estado, así como con el primer ministro italiano, Matteo Renzi, con quien el mandatario se había encontrado recientemente en la Argentina. También fueron parte de su agenda, el rector de la Universitá di Bologna, Ivano Dionigi, y luego el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, en el Palazzo del Quirinale.

De la reunión de 22 minutos con el Papa, que precedió al encuentro con Juliana, Macri dijo: “Fue el contacto entre dos viejos conocidos: hacíamos esto mismo frente a la Plaza de Mayo, en la oficina donde él me recibía para repasar los temas de la Iglesia y la Ciudad”.

Como ya es una costumbre, un particular interés tuvieron los regalos que se intercambiaron. Mauricio le regaló una réplica de la Cruz de Matará, que simboliza la evangelización cristiana en América y tiene raíces jesuitas como las del Sumo Pontífice; un poncho fabricado por Graciela Carrasco, miembro de una familia de tejedores de la localidad de Belén, en Catamarca; y 12 CDs de música de tango y chamamé. Por su parte, el Papa le obsequió al presidente un ejemplar de la encíclica Laudato Sí y el Medallón del Olivo, que representa la unión de todos.

En exclusiva para CARAS, Awada habló de cómo vio al Papa, de su rol de embajadora de la moda argentina y de su virtud de ser elegante sin perder la esencia.

¿Quién la aconsejó para armar su vestuario para visitar al Papa?
—Nadie me aconsejó, averigüe cuál es el protocolo de visitas del Vaticano y sobre eso decidí ponerme algo acorde a ello y muy simple. El protocolo marca para las mujeres vestimenta oscura y la cabeza tapada por mantilla. Amelia Sabán de Menage a Trois fue quien diseñó este vestido y tapado de líneas netas con una trama de flores. Como siempre intento estar acorde a la ocasión sin perder mi estilo.

¿Continúa con su idea de ejercer como una embajadora de la moda argentina? ¿Qué criterios usa para elegir quien la viste?
—Sin ninguna duda, el talento argentino en diseño de moda es enorme y voy a aprovechar cualquier ocasión en la que yo pueda ayudar a mostrar toda la creatividad que tenemos. El criterio ante todo es que sea acorde a mi estilo, me gusta todo aquello con lo que me sienta identificada y cómoda. No voy a elegir un diseñador en particular sino que voy a ir variando justamente para poder mostrar la cantidad de creativos que tenemos.

¿Cómo fue el encuentro con Francisco? ¿Sobre qué tema dialogaron? ¿Le pregunto por Antonia?
—Fue un encuentro muy emocionante, estar con él siempre trae una enorme sensación de paz y de trascendencia. Además, como en las otras ocasiones en donde nos ha recibido, fue muy afectuoso, siempre registrando al otro. En cuanto me vio me dijo: “Le falta algo en sus brazos, no trajeron a Antonia”. En ese momento uno no puede más que emocionarse frente a un gesto tan cariñoso de alguien tan importante como él. Me dio dos rosarios bendecidos por él y uno que me dijo: “Dígale a Antonia que éste es un rosario especial de mi parte”. Sin duda va a ser para mi hija un recuerdo muy especial. Al irnos como siempre y casi como en un suspiro nos dijo: “Recen por mi”.

Más allá de que no era su primera visita, ¿qué sensaciones vivió en la previa y en el momento de encontrarse cara a cara con Jorge Bergoglio?
—Es cierto que ya hemos estado otras dos veces con él, tanto cuando asumió como en una visita posterior en la que fuimos con Antonia, pero siempre uno tiene la conciencia de estar viviendo algo único, histórico. Pero sobretodo esta vez fue diferente porque ésta visita tenía un significado muy especial para nosotros. Estábamos muy ansiosos por encontrarlo sabiendo que en esta ocasión Mauricio siendo ahora presidente venía en representación de todos nosotros. Era el encuentro del Papa argentino con todos los argentinos representados por Mauricio. Inclusive la llegada al Vaticano fue distinta, llegamos en un auto con las banderas argentinas flameando al circular, ahí sentimos plenamente la responsabilidad de ser quienes traemos la voz de todos nuestros conciudadanos.
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